¿Qué son las proantocianidinas?

 

Las proantocianidinas son polímeros de flavanoles (catequina y/o epicatequina), ampliamente distribuidos en la naturaleza y en la dieta (frutas, vegetales, frutos secos, vino tinto, piel y pepitas de uva, té, café, cacao,...).

 

 

Figura 1: Fuentes de proantocianidinas.

 

Dentro del mercado nutraceútico, los extractos de pepita de uva (GSPE: grape seed proanhocyanidin extract) son la principal fuente de proantocianidinas. Constituidos por dímeros, trímeros y tetrámeros de catequinas, epicatequinas y ésteres del ácido gálico (la fracción polimérica representa un 60-70% de los polifenoles totales). Los efectos terapéuticos más destacados son el aumento de la capacidad antioxidante, la prevención del estrés oxidativo plasmático en la fase posprandial, mejoría de la circulación periférica y la reducción de la retención de líquidos en mujeres premenopaúsicas (A. Gil, Tratado de Nutrición). A todo ello, unimos las propiedades terapéuticas intrínsecas de las proantocianidinas que veremos a continuación.

 

Estructura

 

Estructuralmente, las proantocianidinas son polímeros de flavanoles diferenciados según el grado de polimerización, número de grupos hidroxilos, posición en los anillos aromáticos y configuración espacial. Todas ellas presentan el siguiente esquema estructural (Figura 2):

 

 

Estructura proantocianidinas

Figura 2: Estructura genérica de las proantocianidinas.

 

 

A todo ello, las proantocianidinas pueden presentar una estructura homogénea constituida por un único flavanol o presentar una extructura mixta formada por distintas unidades monoméricas (Figura 3); siendo los polímeros de (epi)catequina los mayoritarios.

 

Clasificación de las proantocianidinas

 

Figura 3: Tipos de proantocianidinas.

 

 

Propiedades

 

Las proantocianidinas poseen propiedades neuroprotectoras (Bayar et al., 2015), cardioprotectoras (Sato et al., 2001; Vinson et al., 2003; Taubert et al., 2002), antifúngicas (Patel et al., 2011; Rane et al., 2014), antimicrobianas (LaPlante et al., 2012), antioxidantes (Pinent et al., 2015; Bagchi et al., 2002; ), anticancerígenas (Wang et al., 2014; Prasad et al., 2012) y antiinflamatorias, además de ser beneficiosas para la prevención de enfermedades relacionadas con el síndrome metabólico (Blade et al., 2015; Jiao et al., 2013). Por último, destaca su efecto inhibitorio sobre la adhesión de E.coli a las células urogenitales, previniendo infecciones del tracto urinario (Davidson et al., 2014; Howell et al., 2002).